El Cantar de Mio Cid es un cantar de gesta anónimo que relata hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida del caballero castellano Rodrigo Díaz el Campeador. Es considerada como la primera obra poética extensa de la literatura española y una de las obras clásicas de la literatura europea de la Edad Media.

Características
La obra fue compuesta alrededor del año 1200.
Este poema épico medieval consta de 3735 versos de extensión variable, aunque predominan los de catorce a dieciséis sílabas métricas, divididos en dos hemistiquios separados por cesura. Esta forma, refleja un recurso útil a la recitación o canto del poema.
La longitud de cada hemistiquio es normalmente de tres a once sílabas, y se considera unidad mínima de la prosodia del Cantar.
Sus versos no se agrupan en estrofas, sino en tiradas; cada una es una serie sin número fijo de versos con una sola y misma rima asonante.
Es el único cantar épico castellano conservado casi completo.
Argumento
El tema del Cantar de mio Cid es el complejo proceso de recuperación de la honra perdida por el héroe, cuya restauración supondrá al cabo una honra mayor a la de la situación de partida. Implícitamente, se contiene una dura crítica a la alta nobleza leonesa de sangre o cortesana y una alabanza a la baja nobleza que ha conseguido su estatus por méritos propios, no heredados, y guerrea para conseguir honra y honor.
Se basa en la parte final de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, desde que inicia el primer destierro en 1081 hasta su muerte en 1099.
El poema se inicia con el destierro del Cid, primer motivo de deshonra, a causa de la figura jurídica de la ira regia, injusta porque ha sido provocada por mentirosos intrigantes y la consiguiente confiscación de sus heredades en Vivar, el secuestro de sus bienes materiales y la privación de la patria potestad de su familia.
Tras la conquista de Alcocer, Castejón, la derrota del conde don Remont y la final conquista del reino de taifas y ciudad de Valencia, gracias al solo valor de su brazo, su astucia y prudencia, consigue el perdón real y con ello una nueva heredad, el Señorío de Valencia, que se une a su antiguo solar ya restituido. Para ratificar su nuevo estatus de señor de vasallos, se conciertan bodas con linajes del mayor prestigio cuales son los infantes de Carrión.
Pero con ello se produce la nueva caída de la honra del Cid, por el ultraje que le infieren los infantes de Carrión en la persona de sus dos hijas, que son vejadas, fustigadas, malheridas y abandonadas en el robledal de Corpes para que se las coman los lobos.
Este hecho supone según el derecho medieval el repudio de facto de estas por parte de los de Carrión. Por ello el Cid decide alegar la nulidad de estos matrimonios en un juicio presidido por el rey, donde además los infantes de Carrión quedan infamados públicamente y apartados de los privilegios que antes ostentaban como miembros del séquito real. Por el contrario, las hijas del Cid conciertan matrimonios con reyes de España, llegándose así al máximo ascenso social posible del héroe.
Estructura
La estructura interna está determinada por unas curvas de obtención-pérdida-restauración-pérdida-restauración de la honra del héroe.
La obra se divide en 3 cantares:
• Primer cantar. Cantar del destierro (vv. 1–1084)
Relata cómo Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, es injustamente desterrado de Castilla por el rey Alfonso VI, falsamente acusado.
• Segundo cantar. Cantar de las bodas (vv. 1085–2277)
Narra la conquista de Valencia por el Cid y su posterior reencuentro con su familia, así como las bodas de sus hijas con los infantes de Carrión.
• Tercer cantar. Cantar de la afrenta de Corpes (vv. 2278–3730)
Se narra la humillante y violenta afrenta que los infantes de Carrión, maridos de las hijas del Cid, infligen a Doña Elvira y Doña Sol en el robledo de Corpes. Este episodio, que evidencia la cobardía y maldad de los infantes, es un punto crucial en la trama y desencadena la búsqueda de justicia por parte del Cid.
Temas y Particularidades
El Cantar de mio Cid se caracteriza la ausencia de elementos sobrenaturales, la mesura con la que se conduce su héroe y la relativa verosimilitud de sus hazañas. El Cid que ofrece el Cantar constituye un modelo de prudencia y equilibrio.
Además, está muy presente la condición de ascenso social mediante las armas.
El verdadero tema es el ascenso de la honra del héroe, que al final es señor de vasallos y crea su propia Casa o linaje.
El Cantar presenta al héroe con rasgos humanos.
Estilo
Los rasgos más característicos del estilo del poema épico del Cid son su sobriedad retórica, su realismo y un uso consciente de una lengua arcaizante propia de los cantares de gesta y que constituyó de hecho una lengua artificial identificada con este subgénero narrativo hasta el siglo XIV.
En el plano fónico se aprecian aliteraciones, rimas internas y otros efectos eufónicos, muy relacionados con la naturaleza oral, recitada o semicantada que tenían estos poemas.
En el ámbito léxico, destaca el uso de expresiones de la variedad lingüística clerical y jurídica.
En cuanto a la sintaxis, es notable el empleo de las llamadas «frases físicas», que realzan la gestualidad. Abundan también los paralelismos sintácticos y semánticos, y es frecuente encontrar anáforas y enumeraciones. Otro recurso notable es la gran cantidad de usos verbales perifrásticos. Entre las figuras retóricas, cabe mencionar el uso de la interrogación y la exclamación. Son, en cambio, muy escasas las figuras de pensamiento.
El Cantar de Mio Cid incluye frases formulares, un recurso expresivo que consiste en la repetición estereotipada de frases hechas que aportan la palabra de la rima.
También se debe destacar el uso del epíteto épico: locuciones o perífrasis fijas usadas para adjetivar positivamente a un personaje protagonista que se define e individualiza con esta designación.
Narrador
El discurso o relato está emitido desde la voz de un narrador omnisciente que usa de forma muy libre los tiempos verbales con función estilística. Habitualmente proporciona más información de la que tienen los personajes, creando un desfase entre las expectativas del público y la de los protagonistas que conduce a lo que se ha venido en llamar ironía dramática; ello puede crear comicidad o hacer surgir tensión conflictiva.
El narrador se posiciona siempre en favor del Cid y contra sus antagonistas. Para buscar la complicidad con el auditorio, el narrador abandona en ocasiones la tercera persona para dirigirse a los oyentes con fórmulas apelativas en segunda persona o refiriéndose a él mismo en primera persona.
Personajes
Algunos de los personajes principales y secundarios de la obra son reales como Rodrigo Díaz de Vivar, Alfonso VI, García Ordóñez, Yúsuf ibn Tašufín o Minaya Álvar Fáñez, Jimena Díaz, Berenguer Ramón II, el «moro de paz» Abengalbón, Jerónimo de Perigord, Muño Gustioz, entre otros.
El héroe, Rodrigo Díaz, el Cid, está más caracterizado por sus actitudes y personalidad que por su físico, del cual solo se destaca su gran barba. Es además un diestro guerrero, piadoso, buen padre, fiel al rey hasta la humillación. Pero lo que realmente define al Cid, es la mesura: el Cid nunca pierde la fe en sí mismo aun en las circunstancias más duras y se prevalece de un fundamental optimismo, rechazando incluso malos agüeros. Su venganza es más jurídica que violenta.
