Traducida a 63 idiomas y publicada en más de 150 países, El Alquimista ha sido desde su lanzamiento en 1988 un fenómeno de lectoría con más de 65 millones de copias vendidas, ganándose a la vez la ojeriza de los críticos, que etiquetaron a la novela como una muestra de la más banal auto ayuda. ¿Cómo podemos leer hoy en día la obra cumbre de Paulo Coelho?

La historia no ha cambiado. Sigue ese ritmo de parábola larga inspirada en Las Mil y Una Noches, que despliega una narración que se muerde la cola, en donde el principio da origen al fin y el fin desemboca en el origen. Es un relato de reflejos como los que escribía Borges, que casi siempre les añadía un viso de locura. Coincidentemente, el argentino publicó la historia de dos reyes que sueñan el uno con el tesoro del otro. En El Alquimista sucede algo harto parecido, pero la parábola constituye un aprendizaje, un sueño se cumple y el amor es fiel. Se trata de optimismo puro y duro.

El Alquimista: Relato Optimista de Paulo Coelho

La historia cuenta cómo Santiago, un pastor andaluz, sueña una noche con un tesoro enterrado al pie de las pirámides egipcias. El pastor, que es un muchacho y un emprendedor, está además decidido a realizar algo que llama su “leyenda personal”, por lo cual abandona a sus ovejas y atraviesa el Mediterráneo, escarpa por el norte de África en donde pierde todo su dinero en manos de una ladrón y vuelve a ganarlo trabajando para un comerciante de vidrios. Llega a Egipto en donde se arraiga sirviendo como vidente para una comunidad en un oasis y uniéndose a una mujer llamada Fátima. Desde luego, se inicia en la alquimia, siguiendo las enseñanzas del viejo alquimista que busca convertir el hierro en oro. Búsqueda que aún lleva a Santiago a recorrer el desierto, en donde es capturado por uno de dos clanes en disputa. El pastor es retado a convertirse en viento. Santiago habla con el viento, con la tierra, con el sol, con la Mano Que Lo Ha Escrito Todo, y comprende que el amor no es ninguno de los grandes elementos, es la transformación, y que él que se está transformando en este viaje puede superarlo todo.

Su destino se cumple cuando después de ser liberado es abatido por varios ladrones al pie de las Pirámides de Egipto. Santiago les dice que llego allí guiado por un sueño que le mostraba un tesoro enterrado en ese lugar. Uno de los ladrones le cuenta que había soñado con un tesoro en Andalucía, pero que jamás se marcharía hasta allá por una fantasía. Santiago vuelve a su tierra natal y encuentra el tesoro, vuelve a Egipto por Fátima y si la historia no cierra con un “Y fueron felices para siempre”, sí transmite “Y fueron sabios por siempre”.

La publicación de esta novela significó para el autor una temporada en el desierto y el abandono de una rentable carrera de corredor de bolsa. Usualmente vestido de blanco, hoy en día Paulo Coelho recuerda la época anterior a la novela como una búsqueda incansable, casi un extravío. Búsqueda que parece corresponder a su archiconocido lema “Cuando realmente deseas algo, el Universo conspira para que suceda”.
Contraria a la experimentación posmoderna de la literatura actual, El Alquimista goza de una legibilidad incontrastable, tanto así, que cualquiera puede, por entenderla plenamente, sentirse capaz de criticar su estilo más bien seco y repetitivo.

Por otra parte, el testimonio de sus millones de lectores se orienta al mismo hecho, El Alquimista es un libro que hace sentir bien. Y como ya dijo Freud “La Ciencia Moderna (léase “La Crítica Literaria Moderna”) aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”.